Duele darse cuenta cómo lo que comenzó como juego, como vil curiosidad, se tornó en una inseguridad que poco a poco fue consumiendo una relación.
Duele buscar la manera de remediarlo y toparse con una pared que le recuerda día a día lo que era y cómo lo hacía, aunque ya no lo haga. Duele no saber qué acciones tomar y anhelar a cada momento que todo sea como antes, cuando existía esa chispa.
Duele tenerse que mentalizar a que exista una posibilidad de que uno pierda el juego y por consiguiente te pierda para siempre. Y no es que no crea que puedo ganar, si no ni luchaba, es sólo que uno se esfuerza y no parece haber frutos. Te extraño.
Quiero seguir luchando pero cada vez se me acaban más cartuchos y como tú dices, te haces vieja. Duele mirar que aún no te das cuenta que el enojo no sólo fluía de allá para acá, sino que también tengo incomodidades que tú calificas cómo tontas tal vez.
Duele ver que pareciera que ya no tengo ningún derecho, que tu posición es: cómo me vas a recuperar? Sin ponerte a pensar también en qué necesito yo. Y tú sabes que sí puedes hacerlo y que también busco cambios de tí a mí. Sólo demuestras que ya no quieres.
Espero en este viaje ser ese y que tú seas esa, porque fuimos esos y no nos costaba trabajo, había chispa y voluntad, misma que se fue desgastando. Lo peor es que noto que se ha apagado más de tu lado que del mío porque duele a madres aquí y a tí te noto bien campante. Tengo la esperanza de que funcione y reiniciar todo con más pasión.
Pero creo que, como tú dices, el tiempo no es eterno y por salud de los dos debe haber un límite. Y no sólo de los dos, sino, de los tres.
No sé, no quiero, pero creo que tal vez este viaje será mi último intento. Más por tí que por mí.
Lo peor es que sé que siempre te amaré y me duele mucho.
lunes, abril 12, 2010
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