Un laberinto, eso es.
Ayer conocí a dos mujeres verdaderamente laberínticas. A una ya la frecuentaba de hace tiempo, a la otra la vi por primera vez ayer. Extremadamente talentosas, aportándole al mundo sus emociones y pensamientos: dejando huella a fin de cuentas.
Y encontré un común denominador: depresión. Y me volteé a ver: depresión.
Sí, disfruto todos y cada uno de los momentos de ésta vida. Sí, incluyo en mis días momentos para mi. Pero siempre falta algo........
A Ale le pregunté el porqué el ser humano tiene prisa por vivir. Me contestó que sólo si estamos en constante cambio nos sentimos vivos. A Anahí le pregunté el porqué nos encerrábamos a veces en algo, porqué nos autolimitábamos (porqué no bailar fashionista siendo rockeros, sólo por diversión, sólo por sentirnos libres). "Por que no voy a bailar algo que no me gusta". Sabe quién es, y se apega a quien es.
Y eso es lo que me falta: conocerme y conocer al mundo. Pero para eso hace falta toda una vida, seguir el laberinto hasta el final y equivocarse de camino una, dos, tres veces. ¿Llegar al otro lado del laberinto? No, por el momento me siento bien vagando en el laberinto, no quiero dejarlo.
Ale hace introspecciones, Anahí también, Yo, el mundo entero. Intentamos descifrar los laberintos dentro del laberinto.
A mi me divierte. No quiero acabar de codificar.
Escucho Control is Dead, de As I Lay Dying (sí, así se llama esta banda de Hardcore, como el afamado libro de William Faulkner) y concluyo con certeza que depende lo que uno se imponga para sentirse sin control dentro del laberinto.
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